Educar a los hijos

¡A La Cama!

La familia es un sistema de miembros que se relacionan entre sí. La calidad de estas relaciones son las que determinan las formas de conducta que se observan en la familia. Bajo ese punto de vista, tal vez nada sea bueno ni malo, pero lo que sí es seguro es que estas relaciones y la forma en que se llevan, son la razón de las conductas que observamos y que a veces nos incomodan mucho.

La familia es un sistema de miembros que se relacionan entre sí. La calidad de estas relaciones son las que determinan las formas de conducta que se observan en la familia. Bajo ese punto de vista, tal vez nada sea bueno ni malo, pero lo que sí es seguro es que estas relaciones y la forma en que se llevan, son la razón de las conductas que observamos y que a veces nos incomodan mucho.

¿Por qué podemos hablar de agotamiento? Por el estado de estrés durante un periodo de tiempo demasiado largo. Con esto quiero expresar que, aunque el potencial para enfrentar retos y solucionar problemas de las parejas con hijos es enorme, estos bien intencionados padres se ponen trampas a las que sucumben a lo largo del tiempo. La primera trampa es el “amor y la abnegación” con la que se tiene la omnipresencia de los hijos.

El trabajo, la sociedad, todo les demanda tiempo, calidad, esfuerzo y energía, y estos padres frente a mí están agotados. ¿Y cómo no estarlo? Después de largas y estresantes jornadas casa-trabajo-hijos, papás y mamás renuncian a la armonía y el descanso de dormir en su propia cama, y reciben durante la noche, o desde el principio de la velada, pequeños huéspedes que giran toda la noche cual manecillas del reloj, que se dejan acompañar de sus juguetes, o que simplemente deambulan toda la noche.

¿Quién les dijo a papi y mami que éste era un trabajo de 24 horas despiertos? ¿Por qué renunciamos a la intimidad, a la conversación de adultos y al merecido descanso en aras de no perturbar el sueño de una criatura demandante? ¿Cuándo olvidamos que no dormir nos estresa? ¿Cuándo renunciamos al derecho a descansar? ¿Quién va a pagar al día siguiente nuestra desvelada? Yo sé quién: los mismos niños, pero antes, la pareja. Ocho de cada diez intervenciones que tengo para apoyar a las familias, empiezan y casi terminan con la recomendación: “Cuiden primero a la pareja, y después a los hijos ¡Saquen a los niños de su cama!”. Y tomen reservas con el comentario. Va en el sentido de que, si la pareja está estable, ambos padres tendrán la fuerza y la sabiduría para generar estrategias de educación acertadas. Pero qué pasa si por cualquier causa los niños duermen en la cama de sus papás: desde la comodidad hasta el diálogo se ven fracturados. Aquí unas recomendaciones para recobrar el sueño reparador y la saludable intimidad de la pareja:

  • - Recuerda que eres la persona que más ama a tu hijo, pero que no eres su oxígeno. ¡Dale espacio!
  • - Recuerda que engendraste a una persona que todos los días aprende, y lo hace a partir de la experiencia. Cuida su seguridad y ¡Deja que se caiga de la cama!  De lo contrario, ¿cómo aprenderá a no caerse?
  • - Recuérdale que lo amas y que siempre lo cuidas, pero no permitas que la pesadilla normal de un niño pequeño se convierta en un drama de familia. ¡Enciende la luz, abrázalo, consuélalo! y a dormir en su cama!
  • - Nunca uses a los niños como escudo para evitar hablar sobre esos temas que tenemos pendientes.

De cualquier forma, el que los niños duerman o no en la cama de sus papás, no debe nunca ser decisión de los niños. Confía en ellos y en su capacidad de adaptación. Dormir con sus papás puede ser muy acogedor, pero también puede resultar incómodo para ellos y es, sin duda, un cariñoso boicot a su desarrollo en cuanto a la autonomía. Déjalos dormir solitos y...¡Buenas noches!