NOE, el castor chimuelo


El árbol estaba sólido y a la vez sabroso para los castores que comían de su tronco: así se alimentaban todos los días, buscando árboles frondosos y de troncos frescos para saborear de su rico sabor y al mismo tiempo afilar sus dientes. Noé sólo se quedaba viendo el espectáculo de aquel banquete, él no podía morder igual pues le faltaba uno de sus grandes dientes de enfrente. Por lo mismo, prefería comer hojas de árboles que lo alimentaban, pero que no lo nutría igual.

Su mamá estaba preocupada, le decía que lo mejor era llevarlo al dentista para que viera por qué su nuevo diente no le crecía. “Me da miedo el dentista mamá, no me lleves”, le decía Noé a su mami cada que ella se lo proponía.

Un día Noé tenía mucha hambre, tanto que buscó hojas de árboles y hierba sobre el suelo para llenar su panza. Era tanta su desesperación que comió lo que pudo sin darse cuenta de lo que estaba ingiriendo. Por fin su estómago se sintió satisfecho.

Camino a casa, se topó con su amigo el armadillo, quien de inmediato le preguntó: “Amigo, ¿qué te ha pasado en la boca? Noé sin entender de qué se trataba, supuso que se refería a su diente que no tenía, por lo que le contestó: “Nada, así soy”.

Más adelante, su amigo el topo lo vio y curiosamente también le pregunto: ¿Pero que te pasó? Noé le contesto: “Sí ya sé, qué me pasó en la boca ¿no?, “así es”, confirmo el pequeño topo. “Pues nada importante, así soy yo” le declaró el pastor.

Al llegar a su casa, su mamá asustada también l cuestionó “¡¿Pero que te paso en los dientes hijo?!”, “Mamá, ya sabes que estoy chimuelo, ¿Por qué a todo mundo le sorprende algo que ya saben?”, le contesto. “No corazón, no lo digo por eso, mírate al espejo”, le sugirió su mamá. Noé confundido se dirigió al espejo y al verse se espantó. ¡Sus dientes estaban rojos como la sangre! “¡Mamá, por favor, llévame al dentista!”

Noé se llen´ó de valor y fueron al dentista, quien al revisar al castor se dio cuenta que el color rojo en su boca era debido a que había comido betabel, el cuál al ingerirlo, deja siempre los dientes y la boca de un color rojo muy escandaloso. Aprovechando, la mamá del castor le preguntó a la doctora si su diente iba a crecer o ya no, a lo que les contestó que efectivamente, el diente pronto iba a brotarle, pues ya se sentía entre las encías. Al escuchar eso, Noé se puso muy feliz, y se dio cuenta que no pasa nada si dejamos que el dentista haga su trabajo.


Moraleja: Al ser valientes nos atrevemos a hacer cosas que no nos creíamos capaces de hacer.