Educar a los hijos

¿POR QUÉ ES MÁS DIFÍCIL EDUCAR HOY?

Como maestra y orientadora, escucho éstas y otras preguntas similares de mamás y papás que con cara angustiada y ojos suplicantes me piden respuestas tipo “receta” para educar a su hijos. En la sobremesa de la reunión familiar, de escritorio a escritorio en la oficina, o con una taza humeante de café entre amigas, huelo un aire de frustración y miedo entre las mamás, sobre todo, porque ahora más que nunca somos conscientes de la importancia de formar a nuestros hijos como seres humanos felices, buenos y exitosos. Pero más que nunca en la historia, sentimos la ansiedad de quien tiene un reto grande y pocas habilidades para lograrlo. Estamos confundidos, nos sentimos inseguros y débiles, y claro, satanizamos a estos “Nativos Digitales”, tan difíciles de entender. Bueno, no es para tanto, tranquilos. Respiren un poco, pongan en su mente la imagen de sí mismos como padres, y repitan hasta creerlo: “Yo lo hice, yo lo amo, yo tengo la sabiduría para educarlo”.

Yo creo que en parte los educadores y psicólogos tenemos la culpa de este estado de “shock” generacional, porque enfatizamos en lo que “no es correcto” en la educación, pero no siempre damos alternativas suficientes con prácticas que la familia actual pueda llevar a cabo.

Entonces: ¿Cambiaron los niños y los adolescentes o cambió el mundo? Mi respuesta es: ambos. Pero el desarrollo de la persona en las diferentes etapas no cambió. Lo que cambió es la forma en que los adultos estamos enfrentando la paternidad.

Sabiduría VS Conocimiento. En generaciones pasadas quizás los padres no tenían claros tantos conceptos sobre psicología y desarrollo, pero confiaban en sí mismos y en sus decisiones. Quizás a veces ejercían prácticas demasiado radicales o violentas, pero tenían clara su responsabilidad como educadores, su misión como padres, el objetivo que querían conseguir y los valores que respaldaban todo lo anterior. Si sumáramos esos ingredientes a la información que tenemos... ¿Seríamos más poderosos?

Éxito VS Felicidad. El niño y el joven son personas en proceso de desarrollo, que van a tender al crecimiento, y que tienen la última palabra sobre sí mismo. ¡Qué concepto tan liberador! Porque entonces no es tan grave si “ahora” no es tan responsable, si “hoy” no sabe qué hacer del futuro o si “por el momento” no comprende las consecuencias de sus actos, porque te tiene a ti para acompañarlo y cuidarlo. Por el momento te aconsejo vivir este acompañamiento desde la paz y…disfrútalo (no dura para siempre).

Velocidad VS Efectividad. El mundo en el que nacieron y en el que se están formado es rápido, contundente, demandante. ¿Por qué entonces queremos que sean pacientes? Viven conectados a un aparato que tú compraste. ¿Por qué entonces quieres que escuchen tu “Rollo”? Cuando te comuniques con tu hijo, sé claro, preciso y atractivo.

Alegría VS Culpa + Estrés. El tiempo que dedicamos a los hijos, la forma de educarlos, lo que podemos ofrecerles, son decisiones adultas. Haz lo mejor que puedas. Pero los ingredientes de la culpa y el estrés por trabajar o por estar divorciado, contaminan la educación y pueden hacer que des demasiado por un lado, y

muy poco por el otro. Actúa con responsabilidad porque nadie educará a tu hijo si no lo haces tú, pero educa aceptándolo como es, con congruencia, con empatía, con constancia y por supuesto…con alegría.

Sufrir VS Experimentar. Las abuelitas decían “los hijos se sufren”. Quizás en la adolescencia de mis hijos yo misma me vi tentada a darle la razón, pero creo que esa idea es absurda. Si eres una persona adulta que está formando a un niño o a un adolescente, puedes hacerlo. Ábrete a la experiencia y confía.