Educar a los hijos

SI TIENES UNA CHANCLA... UTILÍZALA PARA CAMINA

¿Educar es difícil? Quizás. Pero lo que resulta aún más difícil es lidiar con una personita cuyas conductas son inadecuadas en los distintos ambientes en los que la presentamos. Una persona no educada es más débil ante los problemas y cuenta con menos posibilidad de abrirse camino hacia el éxito. Y en realidad no es que educar sea tan complicado, pero lo parece porque es necesaria la congruencia, la consistencia y ser un poquito estratégicos.

El primer punto clave es entender que a pesar de que el mundo ha cambiado, el objetivo de fondo en la educación sigue siendo el mismo: formar a la persona, modelando su conducta para hacerla apta para vivir en sociedad como una persona responsable de sus actos. Agreguemos por supuesto conceptos como: feliz, generosa, exitosa, amable, y todos los valores que podemos vivir desde la familia.

Aunque el fondo no ha cambiado, la forma sí que cambió. Esa educación que utilizaba como herramientas los gritos, los castigos y los chanclazos está obsoleta por varias razones. La primera razón es que nuestra sociedad del Siglo XXI reconoce (por lo menos de dicho), que los niños tienen derecho a la educación, pero también se reconocen sus derechos a vivir un sano desarrollo, a tener una identidad y a una vida libre de violencia. Y los niños lo saben. De modo que cuando utilizamos recursos de antaño, contribuimos a desgastar esa dignidad de persona, que, aunque sean pequeños, tienen desde su nacimiento.

La segunda razón tiene que ver con el punto anterior, pero de forma mucho más visible. Aquí me estoy refiriendo al desarrollo de la Autoestima. La autoestima es la percepción personal y subjetiva de que soy capaz de enfrentar los retos del mundo. Cuando una persona crece en ambientes sin educación, el desarrollo de su autoestima es débil. Sin embargo, también desgasta la autoestima cuando la persona durante su infancia es víctima de violencia (aquí tenemos un gran menú: cinturón, pala, manguera, pellizco de monja, jalón de greñas) o humillaciones ( “Tú nunca vas a entender”, “Estoy harto de ti”, “Deberías ser como tu hermano”). Todos recursos sin duda amorosos pero desesperados para modificar una conducta incorrecta en los niños. Sin embargo en este caso” La cura resulta peor que la enfermedad”.

La tercera razón que nos quita de las manos la chancla pegadora, y nos obliga a ser más listos, es la que tiene que ver con el miedo. Los castigos (que el niño ni siquiera relaciona con lo que hizo mal), los gritos y los daños físicos, generan un estado emocional de miedo en los niños, que provoca las siguientes respuestas en la criatura: el niño se paraliza, forma una coraza para protegerse, y buscará escapar y defenderse. Esta programación en el niño evita por supuesto que sea capaz de asumir su responsabilidad en lo que hizo, enfrente las consecuencias de sus actos y aprenda de la experiencia. Definitivamente, educar por medio del miedo es un recurso poderoso, pero debilitante a largo plazo y terminarán enfrentándose en el futuro, las consecuencias de la solución que implementamos hoy.

Sorprendentemente, los padres están ahora muy conscientes de esto, pero ¿entonces cómo educamos? Muy sencillo: Con una estrategia mucho más sólida.

  • - Explica la regla. Asegúrate de que sea entendida y recuérdala. Las reglas deben ser acordes a la edad de los niños
  • - Si das una orden, asegúrate de que se cumpla. Facilita que se pueda cumplir lo que ordenaste
  • - Establece consecuencias lógicas y directamente relacionadas con la falta, y advierte a los niños. Por ejemplo, “Si no comes ahora, no podrás tener ningún tipo de alimento hasta la cena”
  • - Cumple lo que advertiste consistentemente. La firmeza es mucho más eficiente que la fuerza, y la constancia es más poderosa y contundente que la explosión emocional momentánea.
  • - Piensa que la educación de los niños es un proceso y que enfrentar dificultades o retrocesos es sólo parte de ese proceso. No busques culpables, busca mejor lo que causa la conducta indeseable y cambia lo que estás haciendo mal.

A veces es necesario que “Arda Troya” porque los niños atentan contra su seguridad o la de los demás. En ese momento, actúa con firmeza y sabiduría y no te “enganches”, es decir, no te involucres emocionalmente en un pleito con el niño. Sería ineficiente y es innecesario, y por supuesto y, antes que nada: ¡Confía en tu propia sabiduría!